domingo, marzo 26, 2006

Una nación de barbaridades

Da una vuelta carnero sobre la vereda, un sinfín de pétalos cuadrados enredados en el pelo del cemento. El niño da la vuelta al mundo de sus ojos, pies al suelo cielo suelo. El niño busca a su mamá. Le pregunta: Mami, ¿qué son los dioses? Un mundo de azulejos, hijo.

Araña el aire con sus palabras. Quiere saber qué es la memoria. Araña perplejo su crecimiento.

La ve llorar detrás de un vidrio. Un vidrio que por su espesor, por la impresión que provoca no poder atravesarlo, condensa toda una historia legal de países inventados. Países que por la disposición del espacio caminan en hilera como un jardín de infantes, estiran su mano al hombro del que va adelante. Un vidrio que por lo frágil acaricia con dedos que detienen el tiempo, lo afilan.

Despertaron un día que caía agua del cielo. Nombraron: la lluvia. Cicatrices en sus almas se borraron cuando supieron que el sol se quedaba para siempre. Aunque lloviera.

El mediterráneo sangra.

2 comentarios:

flora dijo...

esto también es parte de lo q me hace bien

flor dijo...

que impertinencia para el sol alir en esos días.