domingo, julio 09, 2006

Un domingo

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La belleza disipada
en la trémula garganta del sol
Era una espalda de flor
con lunas desangrándose en sus pétalos
Era un pequeño punto
sobre la palma más baja del agua
Embarrada de sal vi su alma
de brillo inexacto
y eran pocas horas ya
para pensar en su piel
ni siquiera imaginarla, eso era efecto:
apenas basta escuchar.

2 comentarios:

perdida liviana dijo...

la horrible belleza de los domingos, cargada de olores de infancia. me autodiagnostico sobreexceso de memoria.

Ðiego Ðrag¤n dijo...

Ríos en el fuego
tatuador de perlas
La minúscula y sonora receta de los días muertos
Nunca vi tantas cenizas juntas repartiendo distancia
Respira
De pronto aparece la puerta abierta del sol